Aún Respiro 2: Aprieta pero no ahorques [+18]


Para cuando logró recuperar la noción de la realidad, Valis ya no estaba en esa habitación, encadenado ni sufriendo. Sus músculos cansados se encontraban completamente relajados, y aunque le invadía una sensación de flotación, en realidad notaba los brazos y las piernas pesados, como si no fueran parte de su propio cuerpo. 
Se vio a si mismo recostado contra el pecho desnudo de su hermano, introducidos los dos en una gran bañera de agua caliente y humeante. Podía escuchar el sonido de su corazón en el pecho, justo debajo de donde tenía apoyada la oreja. Tu-tum… Tu-tum… Tu-tum… Era el ritmo acompasado y relajado que tanto le caracterizaba, tranquilo, inalterable. En eso podría decirse que era igual a nivel de carácter.
Ajeno a su despertar, Valisën limpiaba las llagas que le habían salido en las muñecas, enrojecidas y sangrantes. Sus movimientos eran suaves y delicados, lo trataba como si fuera de frágil porcelana. Incluso el roce de las gasas que desinfectaban sus heridas se le antojaban caricias.

Durante unos instantes Valis no se movió, disfrutando de la sensación de paz. Pero un leve movimiento suyo para acomodarse contra su hombro hizo que su hermano dejara el instrumental de botiquín a un lado y pasara una de sus manos por su pelo empapado, acariciándoselo.

- Por fin despiertas. – le informó con voz suave, manteniendo su cadencia arrastrada y algo impersonal… pero, a su modo, cargada de ternura.
- ¿Cuánto tiempo he dormido? – le preguntó, aún sin abrir los ojos.
- Unas tres horas. – contesta el Amo. – No quería despertarte, así que no he empezado a curar tus heridas hasta ahora. – hizo una pausa leve, antes de preguntar: - ¿Te encuentras bien?
- Sí… - suspira Valis, mientras se observa los roces de los grilletes. – Estoy acostumbrado a esto.
- No me refería a eso. – Valisën posó una mano sobre sus muñecas heridas, hundiéndolas en el agua. – No sabía cómo podía afectarte el suero. Es la primera vez que lo utilizo con este fin. En el fondo no estaba del todo seguro de cómo iba a ser para ti la experiencia. – cerró los ojos un momento, pensando seriamente sobre ello.
- … ha sido horrible. No pensé que me castigarías de ese modo. – Valis habló de forma bastante sincera. No obstante, más vergüenza le dio confesar: – Pero… después disfruté como nunca. Tanto que… creía que me volvería loco.
- … - sumido en el silencio, Valisën terminó de rodear a su hermano con los brazos, sintiendo el calor de su cuerpo a pesar de que el agua de la bañera estaba de por sí bastante caliente. – A veces tu resistencia me asusta.

Aquello descolocó a Valis. Abrió los ojos, impresionado y confundido. Se alzó levemente, aún entre los brazos de su Amo y gemelo, y giró el torso para poder mirarlo a los ojos con desconcierto, frunciendo el ceño.

- ¿Eso es… bueno o malo?
- No lo sé. – confesó Valisën. – Es bueno, porque indica que eres muy fuerte. Más que yo, diría. Pero… por otro lado a veces temo sobrepasarme contigo.
- ¡Tsk! – exclamó el Esclavo, socarrón. – Soy más duro de pelar de lo que crees.
- Físicamente, tal vez. – sonrió el otro, y le colocó a Valis la mano en la barbilla, sosteniéndosela para centrar la mirada en él, mientras le acariciaba los labios con el pulgar. – Pero tu corazón es tan frágil, tan puro y tan deseable, mi querido hermano, que temo que algún día haga algo que lo resquebraje.
- ¿Ah? – apartó la mirada, avergonzado. – No… no digas tonterías. No tengo miedo a lo que nadie pueda hacerme, sé sacarme las castañas del fuego solo.
- Claro que sí. – asintió Valisën, enarcando una ceja. – Pero… ¿sabes cómo es la cara que pones cuando te digo… que adoro ver tu cuerpo temblando de placer cuando te tomo en la cama?

Valis enrojeció como un tomate, y miró a su hermano con una mezcla de indignación y rabia. Sabía de sobra que detestaba que le pusiera en evidencia de esa manera, sobre todo en lo que al sexo se refería, ya que era un plano en el que el Valis machote y bocazas de siempre se convertía en un simple animal inconsciente, a merced de sus sensaciones.

- N-no digas chorradas. No puedo evitarlo, eso es todo… - masculla. – No es algo puro… me excito con el dolor, eso no puede estar bien…
- Por eso te digo que eres irresistible. – Valisën se muerde el labio inferior con deseo, y tiró de su barbilla para acercar el rostro de su hermano al suyo. – Es esa cara… de rebeldía innata. De no aceptar lo ya establecido. De querer vencer al propio mundo. De resistirte a lo inevitable, pase lo que pase… - la mano que el Amo había escondido bajo el agua había nadado furtivamente, como una anguila, hasta la entrepierna de Valis. Sus dedos se cerraron en torno a su miembro y comenzaron a masajearlo suavemente. – Eres puro en tu propia esencia.
- ¡Nng…! – Valis se mordió el labio inferior y se estremeció. – No… hermano ahora n-¡ah! – no tenía fuerzas siquiera para resistirse, aún estaba agotado por la última experiencia. – Amo… no juegues así conmigo, aún estoy… ¡agh!
- Lo sé, tranquilo… Sólo quiero que seas consciente. – no detuvo a pesar de sus palabras. - ¿No lo ves? Te castigas a ti mismo porque prefieres sufrir tú a que sufra cualquier otro… - le abrazó más fuerte, notando como temblaba bajo su contacto. – Si eso no es puro, entonces no existe nada más que pueda serlo. Y también es lo más tentador. Quebrar una voluntad inquebrantable es el reto de todo Amo.
- ¡Ah… ahg! – Valis apretó las mandíbulas e hizo el ademán de ocultar su rostro en el cuello de Valisën. 

Pero éste no se lo permitió, colocó su mano en su musculoso cuello desnudo, y dejó de torturar placenteramente su entrepierna.

- No quiero agotarte más. – sonrió Valisën, y acto seguido apretó sus finos labios contra la frente empapada de su hermano, y salió de la bañera. – Quiero que estés perfecto para esta noche.

El agua que empapaba su cuerpo fibroso y bien definido acentuaba más sus líneas esculpidas. Parecía una estatua perfectamente tallada con vida propia. Se secó con una toalla y se revolvió completamente el pelo. Después le hizo un gesto a su hermano para que le imitara.
Valis hizo lo propio, y tras revolverse también el pelo con la toalla, miró fijamente a su hermano. Durante unos breves segundos, los dos de frente y con el pelo completamente revuelto y húmedo, parecieron ser el reflejo el uno del otro. Literalmente idéntico. Sólo los ojos rojizos de Valisën y el tatuaje y las cicatrices de Valis denotaban una diferencia clara.

- ¿Por qué es tan importante esta noche? – preguntó por fin el Esclavo.

Valisën ladeó la cabeza, alzando una de sus albinas cejas, y manteniendo su sonrisa arrogante a la vez que arrebatadora. Apoyó sus nudillos en la cadera desnuda, e hizo un gesto con la otra mano.

- Va a venir alguien importante entre las tribus vampíricas del Sabbat. – le explicó. – Si logramos empaparnos con su influencia, tendremos más clientes interesados en nosotros. Además, todo el mundo por aquí les otorga a los mercenarios del Sabbat más reputación que a los que vamos por libre.
- ¿Estás seguro Val… Amo? – se corrigió a tiempo. - Los del Sabbat son traicioneros…
- Como todos los vampiros, Valis. – le interrumpió su hermano, poniendo los ojos en blanco.
- Especialmente traicioneros. – enfatizó. – Tú lo sabes bien, sólo escogen lo que mejor sirve a sus intereses. Eso y la sangre es lo único que los mueve. – frunció el ceño con gravedad. – Y no pienso venderme como muñeco de sangre, sabes que lo odio.
- Lo sé, no te preocupes por eso. – se le acercó, y le colocó la mano en la nuca. – Sabes que ensartaría con mis espadas a cualquiera que se atreviera a hincarte el diente. – sonrió, casi pudiendo apreciarse cierto deje tierno y protector.
- Nos va muy bien ahora, ¿para qué quieres más, hermano? – se atrevió a preguntar Valis.

Los dedos del Amo se cerraron en torno al pelo blanco de su nuca, y tiró de él dolorosamente. Aquella mirada fraternal casi se convirtió en el reflejo de dos agujeros negros, profundos y absorbentes.

- ¿Desde cuándo me cuestionas, cachorro? – le advirtió. Valis fue a abrir la boca para decir algo, pero se lo calló a regañadientes.
- Perdóname, Amo. No era mi intención. Nunca he cuestionado tus decisiones… - se defendió, mirando hacia abajo, y apoyando su mano en el brazo tenso de su hermano, que aún seguía aferrándole por el pelo. – Me preocupa, eso es todo… No me fío de los vampiros, y aún menos del Sabbat.

Valisën afloja su agarre, y vuelve a acariciarle el pelo, casi como si Valis fuera solo un niño pequeño. Volvió a sonreír de nuevo paternalmente, y alegó, negando con la cabeza:

- Todo irá bien. – le aseguró, con toda franqueza en sus palabras. – No dejaré que nada malo te ocurra.
- … Lo sé, hermano. – le miró directamente a los ojos. – Pero no es lo que me pase a mí lo que me inquieta. – se quedó mirándole significativamente.

Valisën no dijo nada inmediato. De hecho, se quedó pensativo, sosteniéndole la mirada a su hermano y Esclavo. E interiormente no pudo evitar emocionarse por sus palabras. No obstante, no lo reflejó en sus facciones. Simplemente, apartó su mano de él y se rió por lo bajo.

- Ve a vestirte. Descansa, cena bien. – lo ordenó, aunque apenas alzó la voz. No lo necesitaba para sonar autoritario. – Te veré en el salón.

Sin decir nada más, salió del baño. Al abrirse la puerta, el vaho ambiental se difuminó un tanto, revelando los espejos empañados. Valis se quedó estático un momento, mientras veía el cuerpo desnudo de su hermano perderse por el pasillo.

- Yo… tampoco puedo dejar que te ocurra nada, hermano. ¿Tanto te cuesta verlo? – murmuró en voz baja, antes de terminar de secarse, y dirigirse, también desudo, a su habitación.

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