Vrana XIII: El camino fácil
Knar y Vrana partieron aquella misma tarde y acamparon en el bosque. Por primera vez Vrana se atrevió a encender un fuego al acampar. Sabía que Éunor no intentaría darles alcance hasta que salieran de la región, y sabía que ambos agradecerían dormir calientes, aunque sólo fuera una noche. El muchacho le ofreció entonces su coraza de cuero, la cual tuvo que aceptar a pesar de su inicial negativa. Tampoco podía negar que le iba a hacer falta cuando se toparan con el cazarrecompensas.
Al día siguiente el sol volvió a salir con algo más de fuerza. La pareja se levantó temprano y avanzó con agilidad por los senderos ocultos del bosque, intentando mantener su rumbo fijo hacia el suroeste. Evitaron las zonas pobladas, en parte para evitar ser vistos. Y por otro lado porque, desde que Vrana había vuelto a sentir la conexión con la Diosa, la idea de meterse en un pueblo o una granja se le antojaba incómoda.
Aunque no habían cogido provisiones en el pueblo, no tardaron en averiguar que tampoco les hacía falta. La conexión de Vrana con el bosque era tan potente que, con sólo desearlo, podía hacer crecer cualquier árbol que diera frutos para alimentarse de ellos. Además, no tardó en averiguar que Knar era un excelente cazador. Algo que, al parecer, también le había enseñado ella. Incluso le ayudó a buscar un buen trozo de rama que afilar para improvisar una lanza.
Knar no parecía ser tan reacio a hablar como Íofur. Más bien parecía encantado de poder compartir cosas con Vrana. Le contó cómo él había perdido a sus padres, siendo muy pequeño, y cómo ella le había encontrado en la calle mendigando. Por entonces ella estaba embarazada de Vranjorn.
—¿Quién era su padre?—le preguntó entonces a Knar.
—No lo sé, no lo conocí. Nunca hablabas de eso, te hacía sentir triste. Tampoco nos hacía falta, todo el pueblo te ayudaba a cuidar de nosotros—resumió él. Vrana se decepcionó un poco al saber que, en su ausencia, no había habido un padre que hubiera podido cuidar de su familia.
—¿Y qué hay de Íofur?—quiso saber después—. ¿Tú le conocías bien?
—Bastante.
—¿De cuando vivíamos en Arsgulf?
—Bastante.
—¿De cuando vivíamos en Arsgulf?
—Bueno, en realidad él no era de allí—. Se encogió de hombros, antes de añadir:—Él estaba de paso y se quedó.
—¿Y por qué decidió quedarse?
—Por ti, supongo. Decidió convertirse en tu protector. Te seguía a todas partes como una sombra.
—¿Y por qué decidió quedarse?
—Por ti, supongo. Decidió convertirse en tu protector. Te seguía a todas partes como una sombra.
—Ahá... ¿Y qué tipo de relación tenía yo con él?
—Ehm... ¿de... protegida?
—Me refería a... si entre él y yo hubo...—Knar la miró sin comprender. Vrana hizo un desquite con la mano:— Da igual.
Al final de la segunda jornada de viaje, con una lluvia fina que volvió a cubrir de barro los caminos, ocurrió lo inevitable. Se encontraron con Éunor en un claro del bosque. Estaba sentado en una roca, con el mangual sobre el regazo y la capucha sobre la cabeza. Probablemente llevaba ya un rato esperándoles. Sin duda el hombre hacía gala de una asombrosa agilidad para moverse por los caminos sin ser detectado.
—¿Nos echabas de menos?—preguntó Vrana, deliberadamente petulante.
—Sí—. Énuor miró en derredor un momento, con cierto deje desconfiado, pero en seguida volvió a prestarle atención a la mujer—. Como te dije, de una forma u otra, voy a cobrar.
—No sabes cuánta razón tienes...—. Vrana sonrió con ironía e hizo girar la lanza en su mano. Éunor torció el gesto, molesto por el comentario.
—Esta vez no pasará lo que pasó la otra vez—le aseguró él, poniéndose en pie. El mangual cayó a un lado, haciendo tintinear la cadena.
—Sólo hay una manera de averiguarlo.
Vrana empuñó la lanza con ambas manos y se aproximó a él sin dudarlo. Sentía la adrenalina fluyendo intensamente por sus venas y la energía bullendo y acumulándose en su interior. Éunor empezó a caminar en círculos, sin saber que, interiormente, Vrana volvía a establecer esa conexión y a fundir una vez más el mundo real con el del Más Allá.
La mujer reaccionó rápido, y apuntó una lanzada certera contra Éunor. Éste hizo amago de esquivarla, pero fue demasiado lento. La afilada punta de madera se clavó en su hombrera, provocándole un gruñido de rabia. El mangual silbó por el aire. Demasiado cerca para esquivar el golpe, Vrana sintió cómo le impactaba en el costado y desgarraba el cuero de la armadura. Rodó por el suelo, sin soltar la lanza, y se levantó con rapidez. Notó el dolor del golpe hormiguearle por las costillas, pero apretó los dientes y se sobrepuso.
Éunor volvió a avanzar hacia ella, girando el mangual en el aire. Vrana liberó parte de su energía interna, y durante un momento, todo pareció ir más despacio. Esquivó su golpe, que se estrelló en el suelo, y volvió a golpearle con la lanza, pero una vez más, sólo logró dañarle en la armadura, rompiéndole las correas que le sujetaban la coraza al cuerpo.
El cazarrecompensas retrocedió, recuperando el control de su arma y lanzando un golpe vertical contra ella. Vrana volvió a esquivarle con una rapidez antinatural.
—¡Maldita bruja!—maldijo él.
Aquella situación se repetía una y otra vez. Éunor intentaba con todas sus fuerzas impactar a Vrana, pero ella siempre lograba esquivar su golpe y devolverle otro con la misma rapidez. Con la armadura hecha pedazos, los lanzazos de Vrana comenzaron a clavarse en su carne y a hacerle sangrar. Lo cual le enfurecía más, por lo que comenzó a volverse más y más violento.
Una de las veces Éunor consiguió golpearla de nuevo en el costado herido, arrancándole la protección de cuero casi de cuajo y un alarido de dolor. Vrana rodó por el suelo, pero no fue capaz de levantarse lo suficientemente rápido. Éunor se colocó sobre ella, dispuesto a descargar toda la furia de su mangual. Vrana reaccionó por puro instinto, y le propinó una severa patada en la entrepierna que interrumpió por completo el ataque del cazarrecompensas. El dolor aturdió al hombre lo suficiente como para que ella recuperase su lanza del suelo y volviera a ponerse en pie. Éunor lanzó un golpe desesperado que Vrana volvió a evitar, para acto seguido incrustarle la lanza en el muslo con tanta fuerza que hasta la madera se astilló y se partió.
Éunor cayó por fin, a cuatro patas sobre el suelo, sangrando sin parar. Lanzó un golpe a ciegas, farfullando insultos, muy lejos de impactar contra su objetivo. Vrana le golpeó la cabeza con la parte roma de la lanza que aún le quedaba en la mano, y el hombre cayó desplomado en el suelo.
La mujer sintió un ramalazo de lástima por él, al verle ahí tirado patéticamente, con la cara hundida en el barro. Sabiamente, cogió el mangual, apartándolo y tirándolo lejos de su alcance.
Desenfundó el cuchillo, y sin dejar de apuntarle giró su cuerpo con el pie, hasta dejarle bocarriba. El hombre estaba malherido y al borde de la inconsciencia. La lluvia le lavaba los restos de barro de la barba, mientras jadeaba:
—Mier...da...—le escuchó decir. Vrana dudó. Pensó en matarle, pero también en no hacerlo. En aquel momento la energía de Nadruneb la había abandonado, y se sentía cansada y dolorida. Empezó a ser consciente también de la sangre manando de sus propias heridas. Sólo por eso no debería dudar en rematarle. Pero había algo, no sabía exactamente el qué, que le decía que no era el momento ni el lugar... que aún no había llegado el día en el que Éunor muriera—. No puede haberme pasado esto... otra vez... —. Éunor se rió penosamente de sí mismo, dirigiéndole una mirada desenfocada a Vrana—. Venga... ¿a qué esperas? Acaba con esto de una puta vez...
—No—. Vrana dejó de apretar el mango del cuchillo y se dio la vuelta.
—No... ¡Espera! No me dejes aquí... ¡Te arrepentirás de no haberme matado!
—Matarte sería el camino fácil—terció ella.
—¡Pues te lo pondré difícil, bruja!
—Míralo por el lado bueno, Éunor—. Vrana sonrió, y se giró una única vez hacia el hombre derrotado—. Finalmente has cobrado.
Vrana se dirigió hacia Knar, quien se había quedado estático ante la desgarradora pelea, y le cogió del codo mientras se agarraba su dolorido costado con las manos. Los gritos enfurecidos de Éunor no dejaron de perseguirlos hasta que salieron del bosque, prometiendo venganza.
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